Pío de Sajambre

Central Eléctrica del río Zalambral.

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Corría el año 1925 cuando el Ayuntamiento arrendó la caza del municipio a la familia Castaño poniendo de guarda Luis Díaz Alonso, famoso cazador. Un día de cacería se juntaron los participantes de la misma en el Güeyo del Zalambral, entre ellos Julio Fernández, Gerardo Castaño, Vicente Mora, José Díaz Díaz-Caneja, Juan Díaz-Caneja (apodado Juan sin tierras).

Durante la comida regada con el abundante agua del lugar, observando aquella riqueza, apuntaron la idea de ponerla en explotación y construir una central eléctrica.

La idea no cayó en saco roto y Julio Fernández, cuñado de Gerardo Castaño y de Vicente Mora (Fiscal General del Estado), por su cuenta y riesgo inició los trabajos encaminados para llevar a efecto tal instalación con el fin de dar corriente eléctrica a sus minas de Guardo, denominadas Antracitas de Velilla, que por aquel entonces eran una buena fuente de ingresos.

Con tal actuación estos amigos que cazaban juntos y habían construido un refugio en la majada de Tronceda para estar más cerca de los rebecos se distanciaron,(construcción que duró poco tiempo debido a que un alud de nieve lo hizo desaparecer). Unos se pusieron en favor de D. Julio y otros hicieron uso de los derechos que tenía el Ayuntamiento como propietario del monte. Consecuencia de ello fue un pleito que duró 20 años interrumpido por la guerra civil.

El pleito fue tan voluminoso que ambas partes tenían abogados y procuradores en Riaño, Valladolid y Madrid. Hubo una destitución de un Gobernador Civil por autorizar el aprovechamiento sin ser competente para ello.

Durante el pleito la central eléctrica estuvo funcionando, mandando la corriente eléctrica hasta Guardo para el buen funcionamiento de las minas. En 1947 hubo una sentencia del Tribunal Supremo que confirmó la propiedad del Ayuntamiento. A consecuencia de ello hubo un acuerdo de arrendamiento por algo más de 100 años con un canon progresivo en cada anualidad, con la obligación de dar al Ayuntamiento gratuitamente el 10% de la producción.

Hasta esa fecha y durante 30 años los pueblos de Oseja, Ribota, Vierdes y Pío se suministraban de una pequeña central que se había construido en Ribota mediante unas acciones que muchos vecinos habían comprado, siendo el mayor accionista Santiago Piñán de Ribota, promotor de un servicio que era necesario para los pueblos. Soto por aquellas fechas no participó en esta empresa debido a que D. Félix de Martino costeó una pequeña central para el pueblo que hoy esta restaurada y recibe el nombre de la Fábrica de Luz.

Más tarde como la línea eléctrica pasaba próxima a varios pueblos y estos carecían de corriente eléctrica, poco a poco fueron accediendo a las peticiones de tales pueblos. Si a esto le añadimos que la central tenía una producción pequeña y no daba suficiente energía para que llegara a la mina y en aquel momento comenzaron a popularizarse los aparatos eléctricos y los electrodomésticos, llegó un momento que la central ya no resultaba rentable y decidieron cerrarla.

La central estuvo unos 7 años sin actividad alguna, su escaso rendimiento no costeaba los gastos de mantenimiento y sus gerentes proponían al Ayuntamiento enajenarla a Montes como refugio de caza, pero no prosperó.

Ante esta situación se llegó a un acuerdo con Antracitas de Velilla que constituyó una nueva sociedad con otros 2 socios más denominada Saldesa, dando lugar a un nuevo contrato con el Ayuntamiento por más de 100 años. Esta nueva empresa automatizó la fábrica y se liberó de tener empleados, solamente va una persona todos los días a comprobar que funciona con normalidad.

Anteriormente había tres empleados y uno de ellos vivía con su familia en la vivienda que tiene el edificio en la planta superior. Los tres últimos empleados que tuvo la empresa fueron Maximino Rodríguez, que vivió en la central muchos años con toda su familia, Laurentino Rivero y Manuel Díez. La central era lugar de reunión de los pastores de la zona y de todas las personas que frecuentaban el paraje, siendo siempre bien recibidos.

 
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